Si existe un alimento que ha traído confusión actualmente es el Aceite de Coco. Es aclamado como una panacea y para otros parece ser un problema  para la salud.  El aceite de coco ha sido recientemente el nuevo niño maravilla en el llamado bloque de súper alimentos, encontrando su camino junto con otros alimentos  como el Aceite de Oliva o el Aguacate.

Pero si algo pudiera haber puesto en duda sus beneficios fue el una declaración en  2017 del   the American Heart Association (AHA) de que las grasa saturadas en general  eran perjudiciales para la salud cardiovascular. La declaración siguió a una revisión de estudios sobre la grasa saturada en general donde se destaco al  aceite de coco.

Ahora es importante distinguir, que no todas las grasas saturadas son perjudiciales y   también se ha corrobarado en numerosos estudios como  el aceite de coco es bueno para el cuidado de la piel, para la salud dental (este último cuando se usa  para eliminar las bacterias dañinas) o que incluso se ha afirmado que puede ayudar con la pérdida de peso. Esto se debe a que el Aceite de coco que contiene triglicéridos de cadena media (MCT), tipos de ácidos grasos, que se transportan directamente al hígado durante el proceso de digestión, donde se metabolizan rápidamente y, por lo tanto, evitan que se depositen en el tejido graso.

El Aceite de Coco y la Enfermedad Cardiovascular

A pesar de la recomendación de la AHA de deshacerse de su aceite de coco, las investigaciones actuales simplemente no están de acuerdo. Afirmar que el aceite de coco es malo es una visión errónea de la literatura científica. Las revisiones recientes también no solo han resaltado los beneficios que tiene el aceite de coco para prevenir las enfermedades cardiovasculares (ECV) , sino que incluso han demostrado efectos positivos para quienes ya tienen ECV. Específicamente, la suplementación con aceite de coco mejoró los perfiles de lípidos al tiempo que promueve disminuciones sostenibles en el peso corporal y la circunferencia de la cintura (que son factores de riesgo de ECV).

Además, en un modelo de ratón controlado, se ha demostrado que el reemplazo del aceite de coco con aceite de soja (una alternativa aparentemente más saludable según la AHA) tuvo efectos negativos generales en la salud metabólica (Esto sin destacar los altos niveles de Xenoestrogenos que contiene la Soja los cuales no son beneficiosos para salud). Los ratones alimentados con mayores cantidades de aceite de soja y menos aceite de coco experimentaron tasas más altas de obesidad, diabetes, inflamación, disfunción mitocondrial y cáncer. Tras la declaración de la AHA, algunos médicos y científicos se apresuraron a cuestionarla y hay que seguir difundiendo información veraz en busca de la mejor alimentación para los seres humanos e informar de forma más idónea al publico en general.

Fuentes:

  1. G. D. Lawrence, “Dietary Fats and Health: Dietary Recommendations in the Context of Scientific Evidence”, Advances in Nutrition, vol. 4, n.o 3, p ́ags. 294-302, mayo de 2013. doi: 10.3945/an.113.003657.
  2.  A. S. Babu, S. K. Veluswamy, R. Arena, M. Guazzi y C. J. Lavie, “Virgin Coconut Oil and Its Potential Cardioprotective Effects”, Postgraduate Medicine, vol. 126, n.o 7, p ́ags. 76-83, nov. de 2014. doi: 10.3810/pgm. 2014.11.2835 
  3.  J. J. DiNicolantonio, S. C. Lucan y J. H. O’Keefe, “The Evidence for Saturated Fat and for Sugar Related to Coronary Heart Disease”, Progress in Cardiovascular Diseases, vol. 58, n.o 5, p ́ags. 464-472, mar. de 2016. doi: 10.1016/j.pcad.2015.11.006.
  4.   A. Malhotra, R. F. Redberg y P. Meier, “Saturated fat does not clog the arteries: coronary heart disease is a chronic inflammatory condition, the risk of which can be effectively reduced from healthy lifestyle interventions”, British Journal of Sports Medicine, vol. 51, n.o 15, p ́ags. 1111-1112, abr. de 2017. doi: 10.1136/bjsports-2016-097285
  5. P. Deol, J. R. Evans, J. Dhahbi, K. Chellappa, D. S. Han, S. Spindler y F. M. Sladek, “Soybean Oil Is More Obesogenic and Diabetogenic than Coconut Oil and Fructose in Mouse: Potential Role for the Liver”,PLOS ONE, vol. 10, n.o7, J. Peterson, ed., e0132672, jul. de 2015.doi:10.1371/journal.pone.0132672.
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